Pensar,
un lastre
para sin alas
volar.
Plasmando el mundo en estado comatoso desde los rincones de algún lugar llamado mente, similar a los infiernos que en mí descansan.
El éxito proviene de la voluntad de saberse vulnerable y a pesar de las
flaquezas mantener el temple necesario para soportar la tempestad. Acorazados lujosos
han cedido a la más mínima marea, en cambio, algunas otras balsas han salido
airosas de la turbulencia marina.
Yo, no tendré éxito (cuando mucho excito), pues siempre veo lo trágico, incluso lo trágico en
situaciones en las cuales uno está bien posicionado. Aunque resulte imposible,
ante la desesperación puedo llegar a perder mis piezas con sólo un rey del otro
lado del tablero.
Pero siempre aunque no lo crea, ni lo aplique como principio a mi vida, aconsejo;
hay que perseverar…
El que persevera alcanza, pero ¿qué se alcanza, o qué alcanzar?