Hay una especie de fatiga interminable en el hecho de pensar en el futuro y
sus cosas, a menudo pienso en el mañana como una ruina, una vaga sensación de
que cada segundo erosiona nuestra existencia y todo lo que en el presente la conforma.
Me gustaría habitar un presente perpetuo en el cual el paso del tiempo no
tuviese lugar ni forma, que la muerte fuera solo una idea. Todo para perdurar
requiere mantenimiento; “se solicita quien repare almas rotas” yace dicho
letrero pegado en el pórtico de mi hogar.
Soledad: inicio y fin último de toda existencia, más valdría ser un marco
colgado, una obra de arte infinita que un ser con supuesta conciencia.
A este que soy yo ¿Qué consejo le darías?
Qué tragedia representaremos mañana cuando el sol deje caer su telón.