El cliché de
haber una delgada línea entre la verdad y la ficción es fácil de decir, pero
difícil de vivir
La literatura nos
ha dado las mejores posibles vidas
Uno no da cuenta
de ello hasta que amanece convertido en insecto, o peor aún en un empleado deprimido
común de alguna notaría de cuarta que preferiría no hacerlo, o en un
saxofonista virtuoso que deambula por el subway de new york teorizando más allá
de lo cromático; en lo cuántico
Pero siempre por
rudimentaria que sea está presente el retorno a casa a lo orgánico; Ulises
yendo a Ítaca, en el cine Fando y lis van a Tar, Alicia inicia un viaje, del
cual debe en algún momento regresar.
Un caballero de la
Mancha de fina adarga sale de casa para maltrecho con su jumento que creía
corcel volver.
Bukowski después
de la jornada ya fuera como cartero o empleado de cualquier bodega volvía a
casa para ejecutar las mismas tareas, Tyler durden regresa, no a casa, al
terrorismo, pero regresa.
Pero están también
quienes ya no vuelven o retornan indefinidamente:
Dorian Gray
Hamlet
Luc (de una flor
amarilla)
Joachim Ziemssen
En particular los
viajes me resultan extenuantes, soy mejor espectador.