domingo, 13 de julio de 2025

 

El cliché de haber una delgada línea entre la verdad y la ficción es fácil de decir, pero difícil de vivir

La literatura nos ha dado las mejores posibles vidas

Uno no da cuenta de ello hasta que amanece convertido en insecto, o peor aún en un empleado deprimido común de alguna notaría de cuarta que preferiría no hacerlo, o en un saxofonista virtuoso que deambula por el subway de new york teorizando más allá de lo cromático; en lo cuántico

Pero siempre por rudimentaria que sea está presente el retorno a casa a lo orgánico; Ulises yendo a Ítaca, en el cine Fando y lis van a Tar, Alicia inicia un viaje, del cual debe en algún momento regresar.

Un caballero de la Mancha de fina adarga sale de casa para maltrecho con su jumento que creía corcel volver.

Bukowski después de la jornada ya fuera como cartero o empleado de cualquier bodega volvía a casa para ejecutar las mismas tareas, Tyler durden regresa, no a casa, al terrorismo, pero regresa.

Pero están también quienes ya no vuelven o retornan indefinidamente:

Dorian Gray

Hamlet

Luc (de una flor amarilla)

Joachim Ziemssen

 

En particular los viajes me resultan extenuantes, soy mejor espectador.