No dejes que el
quebranto de la noche
Horade tu coraza
Afuera el frío es
seco,
Alberga en tu corazón
que es fuego
tu nitidez
No hay blanco sin
negro
El cielo por sí
solo no es.
¡Espera!,
Ya vendrá la
estrella de la mañana
Plasmando el mundo en estado comatoso desde los rincones de algún lugar llamado mente, similar a los infiernos que en mí descansan.
No dejes que el
quebranto de la noche
Horade tu coraza
Afuera el frío es
seco,
Alberga en tu corazón
que es fuego
tu nitidez
No hay blanco sin
negro
El cielo por sí
solo no es.
¡Espera!,
Ya vendrá la
estrella de la mañana
Con cada imagen que
acontece
Se nos va la vida
Una suerte de
veneno
Son los caudales
por los que se descuelga el tiempo
Lo que vimos,
vivimos hoy,
no lo veremos de
nuevo.
No existe fuerza
Que pueda apresarlo,
si no es una grabación
Nuestra memoria
no es perpetua,
Y la noche en
medio de intermitencias
llama.
Hay cosas en la casa que tendrán más permanencia de lo que solemos suponer
Los cimientos,
Las rocas,
Los poros de las mismas,
Tu retrato de hace años en una de las paredes y el tornillo que la sostiene
Que han soportado mil temblores diarios
Y el paso de las estaciones.
La vida es efímera…
La procesión había concluído en medio de aquél dia soleado. Quedaban restos
de barata madera los cuales instantes antes formaban parte de la cruz en la
cual falsamente habían crucificado a un falso Jesús.
La noche había sido larga: una cerveza, llevó a la otra, y a otra, la
visita a aquél antro nocturno había llegado al desenlace de siempre;
“Hola Guapo, me invitas una cerveza?”,
por poco me creo lo de guapo, súbitamente surgió a mi cabeza preguntarse si
aquella joven chica con nalgas de orangután vería bien. Hoy no cariño, dije
enseguida.
¡vete a la mierda carajo! Escuché en medio de aquella algarabía.
No haré larga la historia, así que iré al grano;
De pronto, todas las luces se apagaron, hasta que me di cuenta de que me
encontraba ahí, bajo el sol radiante primaveral, en medio de aquél viacrucis
acabado junto a una botella acabada de karat (quienes lo hayan probado sabrán).
Intenté rápidamente incorporarme, pero notaba un agudo dolor a la altura de
las costillas del lado derecho, esperé un momento sentado en la banqueta, antes
de hacerlo. Por fin me incorporé, tomé
mi rostro y noté que en esta ocasión no había sangre, ni hinchazón.
Levanté aquella acabada botella de karat, puse su boca sobre la mía
intentando sacar al menos una gota, pero nada.
Comencé a caminar, a atravesar aquél pueblo en el que había amanecido
buscando cualquier tipo de orientación o abasto, y por abasto hago alusión al
señor alcohol.
Después de andar rondando por aquél lugar durante casi dos horas, con casi rabia
desvalido de toda esperanza, metí la mano en mi bolsillo por inercia, y ahí lo
tenté, un plástico, saqué la mano y era ¡un billete de 1000 pesos!
Miré de nuevo la cruz en la plaza frente a la iglesia, desolada,
desprendiendo sus pedazos de madera podrida, el sol comenzaba a ceder, al igual que los
visitantes.
Para mis adentros pensaba:
Mañana será sábado de gloria…
Recuerdo en segundo grado el libro de ciencias naturales dictaba habría que
construir durante el lapso vacacional un ecosistema, y así lo hicimos a cuatro
manos junto con mi abuela. Después de aquellas vacaciones de primavera no me
fue posible regresar a clases.
Una pequeña botella era necesaria, e introducir en ella todo tipo de elementos vivos , eso decía el libro de texto, y así lo hicimos.
Bastó con un pequeño
paseo por el jardín que dí con mi abuela para recolectar hormigas, todo tipo de
insectos en general, insectos de tierra, aereos, aereodinamicos, algunos depredadores, una mantis para controlar la
natalidad.
La vida en aquel pequeño ecosistema por
algunos días fue de maravilla, fui testigo de la reproducción en masa de insectos
menores; hormigas armaban sus colonias de un lado del frasco, cochinillas y lombrices
por el otro, detrás de todo aquél tumulto aislada se quedaba la mantis acechando.
Al paso de los días cuando escaseó la comida que yo mismo les daba, vi a la
mantis desaparecer y con ello todo empeorar; los animales de su misma especie
unos a otros se devoraron con diligencia, aquello era un espectáculo atroz! Lombrices
comiendo lombrices o lo que se les cruzara, dudaba que los animales pudiesen ser caníbales, aún más los insectos, pero así parecía ser, ya que lo mismo hacían las hormigas y a su
vez toda especie con un rastro de vitalismo en aquel antro.
La adaptación a aquél hostil ambiente por parte de los insectos incrementó,
con el paso de los días me percaté que necesitarían mayor sitio, pero lo omití.
Fue hasta que después de una tarde de primavera regresé a casa, giré el pomo
de la puerta, y ahí miré el cuerpo de mi abuela ¡decapitado!, su cuerpo sentado
mirando el programa como solía hacerlo durante las tardes, ese cuerpo ya sin
vida rodeado e invadido por los insectos de aquél ecosistema antaño construido, por los días erosionado: !se habían colado sus especies!
No fue posible habitar nuestra casa después de haber construido aquel pequeño ecosistema.
Habíamos acordado
acudir al suculento balneario en familia el primer domingo de vacaciones. Yo
había tratado de postergarlo.
Los domingos
siempre son pésimos días si uno acostumbra a beber los sábados. Quien acostumbra
hacerlo acordará conmigo.
05:00 am,
comenzaba a sonar el despertador, el presagio de que el plan se concretaría; eran
los switches de los focos encendiendo y apagando, pisadas rápidas por todo el
lugar, el sonido del wáter tragando agua tempranamente a su vez.
¡Alístate!
Por quinta ocasión
me decían al unísono mis padres.
Para ser franco
aquellas reuniones jamás me habían agradado. De las idas a los balnearios sólo
me queda el recuerdo de la dermis quemada, y una fatiga insoportable después de
aquellas jornadas por algunos tan añoradas.
De aquello
recuerdo el fatídico intento de los padres o los tíos según el caso intentando encender
el carbón para cocinar, la conducta histérica de las tías o madres tras haberse
percatado de haber olvidado algún esencial ingrediente para la cocción de la
mierdera carne. (qué habrían pensado nuestros ancestros de nuestras conductas)
!Alístate, sexta llamada! a mi puerta, y yo pensando; ¡ni
una mierda!
De momento entre
aquella resaca de madrugada me vino a mente, en aquél momento sería preciso ser
un objeto impreciso para que así dejasen de molestar.
¡Puta madre,
siempre lo mismo! escuché una voz furiosa, seguido el auto familiar arrancaba…
No pude más que
sentir felicidad, me habían dejado, eché un vistazo al reloj, las 06:00 a.m, me
dormiría por otro par de horas.
El sol traspasaba
por mi ventana, tomé el teléfono: las 12 horas, varias llamadas perdidas de mis
familiares. Por un momento pensé lo peor. a menudo la resaca nubla las ideas de
uno e incluso a nivel fisiológico produce ansiedad o un efecto similar a la
rabia.
Bajé los peldaños
para llegar hasta la cocina, tenía varios mensajes en el mobil, pero no quería
mirarlos sin antes beber un poco de agua. Abrí el frigorífico, encontré una
caguama a la mitad, y le di un largo trago.
Abri la puerta,
eché un vistazo a la cochera, posteriormente tomé asiento, y ahí miré el
carbón, cerrado, intacto, justo debajo del azador.
Aún quedaba un poco
de cerveza en aquel envase, pensé; ¡éste será un día para recordar!
A esta hora
pero de un día de mañana
estaré tomando una caña
A esta hora, pero de un día dentro de cien años
estaré muerto
y mis huesos serán solo eso;
cenizas, huesos...
A esta hora en ese tiempo
Quizás los caudales sigan brotando,
seguirán su curso como hasta hoy lo han hecho,
o quizás no...
Esa es la vida,
Esa fue la vida,
no hay por qué preocuparse