sábado, 4 de agosto de 2012

Ser ó no ser.


¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?

Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!

¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?...

Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.

Shakespeare.

Y la muerte perderá su dominio.

Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente;
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera;
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia.
Y aún locas o muertas como clavos
atravesarán la margaritas con sus cabezas de señoras;
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda.
Y la muerte perderá su dominio.

Dylan Thomas

jueves, 2 de agosto de 2012

Pasa el lunes...

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere
dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón
aturdido,
la vida pasando como estas palabras:
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la
conciencia,
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en dónde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.

¡Qué hermosa palabra "Dios", larga
y útil al miedo, salvadora!
Aprendamos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

No hay más que esta ternura que siento hacia ti,
engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
No hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol, recorriéndolo todo.

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños.
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos...


Sabines.

martes, 31 de julio de 2012

LAS ARISTAS DEL ALMA.




Llámese expresiones, visiones, percepciones, sí, expresiones es lo mejor son las que componen las aristas del alma, aunque no sé lo que sea el alma; What is soul?, i don´t know… I´ll nerver know it dude…

Todo, absolutamente todo el mundo está condenado a expresar dichas aristas, desde el jodido camionero que me da mal el cambio, y encima se encabrona, hasta el taquero sudoroso que no conozco y me saluda, el borrachín extraño que he visto y duerme bajo el sol con estilo sin importarle el tiempo y al parecer tampoco el espacio, las putas que yacen bajo el sol sin clientela, preocupadas por la paliza sin tregua que les propinará el padrote. Dichas expresiones son para mí aristas, extensiones, producciones, lo que nos define como entes únicos y apriorísticos, como animales pensantes; hay quienes escriben, quienes tratan, quienes corren, quienes hacen ciencia, asaltan, roban, violan, educan, rien, etc…

En pocas palabras y para dejar de joder, las aristas son para mí el arte del cual estamos compuestos, y que generalmente  no miramos. Nos han acostumbrado a ver arte únicamente en las producciones baratas e iguales de  miles de chavales que andan por la calle con sus costosas cámaras fotográficas pretendiendo hacer arte capturando todos lo mismo (chingado arte), ó a ver arte en otros “juniors” que portan camisas y tenis del Ché, unos jeans rotos equivalentes al alimento por tres días de una familia numerosa a quienes sus padres burgueses además les compran todo un equipo musical para “sacar” covers mierderos de bandas a la moda, y su ración ocasional de Marihuana; “eso sí hijo, no deje sus estudios de administración”…

No sé si sea condena ó no, pero para mí arte es el hombre sudoroso y sangrante que huele a mil demonios, que acaba de abordar el camión con la “geta” partida, y no falta hacer una gran indagación para saber que tuvo la pelea de su vida que quizás perdió, y día a día toda persona viva que veo la tiene, esa lucha por hacerse un lugar en la historia, en la búsqueda de ese algo más.  Eso es para mí el arte, lo grotesco de la vida (la realidad), lo demás mera “puñetéz” estética.

MALA SANGRE


HEREDO de mis antepasados galos los ojos azulblancos, el juicio estrecho, y la torpeza en la lucha. Considero mi vestimenta tan bárbara como la suya. Pero no engraso mis cabellos.

Los galos fueron los desolladores de bestias, los incendiarios de hierbas más ineptos de su tiempo.

De ellos, heredo: la idolatría y el amor al sacrilegio; ¡oh! todos los vicios, cólera, lujuria, magnífica, la lujuria; y sobre todo mentira y pereza.

Me horrorizan todos los oficios. Patrones y obreros, todos plebe, innobles. La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. ¡Qué siglo de manos! Yo nunca tendré mano. Además, la domesticidad lleva demasiado lejos. Me exaspera la honradez de la mendicidad. Los criminales repugnan como los castrados: en cuanto a mí, estoy intacto, y me da lo mismo.

¡Pero! ¿quién hizo mi lengua tan pérfida como para que guiara y protegiera hasta ahora mi pereza? Sin servirme de mi cuerpo ni siquiera para vivir, y más ocioso que el sapo, he vivido en todas partes. No existe una familia de Europa que no conozca. Hablo de familias como la mía, que lo deben todo a la declaración de los Derechos del Hombre. ¡He conocido cada hijo de familia!

¡Si poseyera antecedentes en algún punto de la historia de Francia!

Pero no, nada.

Es evidente que siempre fui raza inferior. No comprendo la rebeldía. Mi raza sólo se sublevó para saquear: como los lobos al animal que no mataron.

Recuerdo la historia de Francia hija mayor de la Iglesia. Villano, habría hecho el viaje a Tierra Santa; rememoro caminos de las llanuras suabas, panoramas de Bizancio, murallas de Solima; el culto a María, el enternecimiento por el crucificado se despiertan en mí entre mil fantasías profanas. Estoy sentado, leproso, sobre tiestos y ortigas, al pie de un muro roído por el sol. Más tarde, mercenario, habría vivaqueado bajo las noches de Alemania.

¡Ah! más aún: con viejas y niños danzo el Sabbat en el rojizo claro de un bosque.

Mi recuerdo no va más allá de esta tierra y del cristianismo. Jamás terminaré de reverme en ese pasado. Pero siempre solo; sin familia; ¿qué lenguaje hablaría? Nunca me veo en los consejos de Cristo; ni en los consejos de los Señores, representantes de Cristo.

Quienquiera que yo fuese en el siglo pasado, sólo vuelvo a encontrarme hoy. Nada de vagabundos, nada de guerras vagas. La raza inferior lo cubrió todo el pueblo, como se dice, la razón; la nación y la ciencia.

¡Oh! ¡la ciencia! Todo se ha retomado. Para el cuerpo y el alma, el viático, contamos con la medicina y la filosofía, los remedios de buenas mujeres y las canciones populares arregladas. ¡Y los entretenimientos de los príncipes y los juegos que ellos prohibían! ¡Geografía, cosmografía, mecánica, química!...

La ciencia, ¡la nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo marcha! ¿Por qué no habría de girar?

Es la visión de los números. Vamos hacia el Espíritu. Lo que digo es muy cierto, es oráculo. Comprendo, e incapaz de explicarme sin palabras paganas, quisiera enmudecer.

¡La sangre pagana retorna! El Espíritu está próximo, ¿por qué no me ayuda Cristo confiriéndole a mi alma nobleza y libertad? ¡Ay! ¡el Evangelio ha muerto! ¡el Evangelio! ¡el Evangelio!

Espero a Dios con verdadera gula. Soy de raza inferior por toda la eternidad.

Heme aquí en la playa armoricana. Que las ciudades se iluminen en la noche. He cumplido mi jornada; abandono a Europa. El aire marino quemará mis pulmones; me curtirán los climas perdidos. Nadar, pisotear hierba, cazar, sobre todo fumar; beber licores fuertes como metal hirviente, a semejanza de aquellos queridos antepasados alrededor de los fuegos.

Regresaré, con miembros de hierro, la piel ensombrecida, la mirada furiosa: por mi máscara, me juzgarán de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados reflujo de las tierras cálidas. Intervendré en política. Salvado.

Ahora estoy maldito, tengo horror a la patria. Lo mejor, es dormir, completamente ebrio, sobre la playa.

No se parte. Retomemos los caminos de aquí, cargado con mi vicio, el vicio que echó sus raíces de sufrimiento en mi flanco, desde la edad de la razón eque sube al cielo, me azota, me derriba, me arrastra.

La última inocencia y la última timidez. Lo dicho. No llevar al mundo mis repugnancias y mis traiciones.

¡Vamos! La marcha, el fardo, el desierto, el hastío y la cólera.

¿A quién alquilarme? ¿A qué bestia adorar? ¿A qué imagen santa atacar? ¿Qué corazones destrozaré? ¿Qué mentira debo sostener? ¿Sobre qué sangre caminar?

Cuidarse, más bien, de la justicia. La vida dura, el simple embrutecimiento,  levantar, con el puño reseco, la tapa del féretro, sentarse, sofocarse. Así, nada de peligros, ni de senectud: el terror no es francés.

—¡Ah! me encuentro tan abandonado que ofrezco a cualquier divina imagen mis impulsos hacia la perfección.

¡Oh mi abnegación, oh mi caridad maravillosa! ¡aquí abajo, sin embargo!

De profundis Domine, ¡si seré estúpido!

Cuando aún era muy niño, admiraba al presidiario intratable tras el cual se cierran siempre las puertas de la cárcel; visitaba los albergues y las posadas que él había santificado con su presencia; veía con su idea el cielo azul y el florido trabajo del campo; husmeaba su fatalidad en las ciudades. El era más fuerte que un santo, más sensato que un viajero y él, ¡sólo él! como único testigo de su gloria y de su razón.

En las rutas, durante las noches de invierno, sin techo, sin ropas, sin pan, una voz oprimía mi corazón helado: "Debilidad o fuerza: hete aquí, es la fuerza. No sabes a dónde vas ni por qué vas, entra en todas partes, responde a todo. Como si fueras un cadáver ya no te podrán matar." A la mañana tenía una mirada tan extraviada y un aspecto tan muerto que aquellos que encontré quizá no me hayan visto.

En las ciudades el fango se me aparecía súbitamente rojo y negro, como un espejo cuando la lámpara circula en la habitación contigua, ¡cual un tesoro en el bosque! Buena suerte, exclamaba, y vacía un mar de llamas y humo en el cielo; y, a izquierda, a derecha, todas las riquezas resplandecientes como un millar de rayos.

Pero la orgía y la camaradería de las mujeres me estaban prohibidas. Ni siquiera un compañero. Me veía ante una multitud exasperada, ante el pelotón de ejecución, llorando la desgracia de que ellos no hubieran podido comprender, ¡y perdonando! ¡como Juana de Arco! "Sacerdotes, profesores, maestros, os equivocáis al entregarme a la justicia. Jamás pertenecí a este pueblo; nunca he sido cristiano; pertenezco a la raza que cantaba en el suplicio; no comprendo las leyes; carezco de sentido moral, soy una bestia: estáis equivocados…"

Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una bestia, un negro. Pero puedo ser salvado. Vosotros sois falsos negros, vosotros: maniáticos, feroces, avaros. Mercader, tú eres negro; magistrado, tú eres negro; general, tú eres negro; emperador, vieja comezón, tú eres negro: has bebido un licor sin impuesto, de la fábrica de Satanás. —Este pueblo se inspira en la fiebre y el cáncer. Inválidos y ancianos son tan respetables que piden que los hiervan. Lo sagaz es abandonar este continente, donde ronda la locura para proveer de rehenes a esos miserables. Yo entro en el verdadero reino de los hijos de Cam.

¿Conozco tan siquiera la naturaleza? ¿me conozco? Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambor, danza, danza, danza, danza! Ni siquiera vislumbro la hora en que, al desembarcar los blancos, me precipitaré en la nada.

¡Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, danza!

Los blancos desembarcan. ¡El cañón! Hay que someterse al bautismo, vestirse, trabajar.

He recibido el golpe de la gracia en pleno corazón. ¡Ah! ¡no lo había previsto!

Yo no hice el mal. Los días me serán leves, se me ahorrará el arrepentimiento. No habré padecido los tormentos del alma casi muerta para el bien, por la que asciende la luz severa como los cirios funerarios. El destino del hijo de familia, féretro prematuro cubierto de límpidas lágrimas. Sin duda el libertinaje es estúpido, el viuo es estúpido; hay que dejar a un lado la podredumbre. ¡Pero el reloj no habrá llegado a dar más que la hora del puro dolor! ¡Me raptarán como a un niño para jugar al Paraíso en el olvido de toda desdicha!

¡Pronto! ¿hay otras vidas?  El sueño en la riqueza es imposible. La riqueza fue siempre un bien público. Unicamente el amor divino otorga las llaves de la ciencia. Veo que la naturaleza es sólo un espectáculo de bondad. Adiós quimeras, ideales, errores.

El razonable canto de los ángeles se eleva del navío salvador: es el amor divino. ¡Dos amores! puedo morir de amor terrestre, morir de abnegación. ¡Dejo almas cuya pena se acrecentará con mi partida! Me has elegido entre los náufragos; los que quedan ¿no son acaso mis amigos?

¡Sálvalos!

Me ha nacido la razón. El mundo es bueno. Bendeciré la vida. Amaré a mis hermanos. Estas ya no son promesas infantiles. Ni la esperanza de escapar a la vejez y a la muerte. Dios hace mi fuerza, y yo alabo a Dios. 

*

El hastío ya no es mi amor. Las iras, el libertinaje, la locura, de la que conozco todos los impulsos y los desastres, todo mi fardo está depositado. Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia.

En adelante seré incapaz de reclamar el consuelo de una paliza. No me creo embarcado para unas bodas donde Jesucristo es el suegro.

No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios. Quiero la libertad en la salvación: ¿cómo alcanzarla? Los gustos frívolos me han abandonado. Ya no necesito ni abnegación ni amor divino. No echo de menos el siglo de los corazones sensibles. Cada uno tiene su razón, su desprecio, su caridad: yo conservo mi sitio en la cumbre de esta angelical escala de buen sentido.

En cuanto a la felicidad establecida, sea o no doméstica... no, no puedo. Soy demasiado débil, demasiado disipado. La vida florece por el trabajo, vieja verdad: en cuanto a mi vida no es lo bastante pesada, y vuela y flota lejos muy por encima de la acción, ese adorado punto del mundo.

¡Cómo me convierto en solterona al fallarme el coraje de amar a la muerte!

Si Dios me concediera la calma celestial, aérea, la plegaria como a los santos de antaño. ¡Los santos, fuertes! ¡los anacoretas, artistas como ya no hacen falta!

¡Perpetua farsa! Mi inocencia podría hacerme llorar. La vida es la farsa en que participamos todos.

*

¡Basta! He aquí el castigo. ¡En marcha!

¡Ah! ¡los pulmones arden, zumban las sienes! la noche rueda en mis ojos, ¡con este sol! el corazón... Ios miembros...

¿A dónde vamos? ¿al combate? ¡Yo soy débil! los otros avanzan. ¡Las herramientas, las armas... el tiempo!...

¡Fuego! ¡fuego sobre mí! ¡Allí! o me rindo. ¡Cobardes! ¡Me mato! ¡Me arrojo a las patas de los caballos!

¡Ah!…

—Me habituaré.

Eso sería la vida francesa, ¡el sendero del honor!

ARTHUR RIMBAUD.



lunes, 30 de julio de 2012

Cuando me veas barbón...




Cuando me veas barbón 
y usando suéter cachemir 
no te acerques 
no digas nada 

ando mal 

traigo caspa en los ojos 
lagañas en las manos 
mocos en la boca 
escurrimientos en el corazón 

Entonces soy el cerebro 
cansado de pensar 

El alma inservible 
del viejo transistor 

El perro abandonado 
por la niña de labios rojos 

Y soy también 
todo lo idiota que puedas imaginar. 

Cuando me veas caminando 
y hablándole a la calle 
no te acerques 
no me llames 

ando mal 

Se me ocurre matar 
a la señora del peinado raro 

al estudiante de zapatos blancos 

a la muchacha que ríe y ríe y ríe 

Se me antoja morir 

a las cinco de la tarde 

a las diez de la mañana 

el lunes el martes el miércoles 

y los días de guardar 

Se me olvida tu nombre 
tu cara 
Se me olvida lo que te dije ayer 
cuando te quería 

Cuando me veas sentado 
enfrente de tu casa 
llama a la policía 
Saca el cuchillo cebollero 
Y vigila tras la cortina 

Ando mal 
y estoy pensando 
en subirme a tu cuerpo 
morder tu cabello 
lamerte las manos 
chuparte la boca 
romperte el vestido 
y quedarme pegado a ti 
así 
todo el día 

Llama a los vecinos 
Al presidente de colonia 
Al diputado Barraza 
A los ángeles azules 
A san Benito 
A san Cuauhtémoc 
A san Nicolás 

Llama al imbécil ese que tanto te gusta 

Ando mal 
y estoy pensando. 

Cuando me veas leyendo 
un libro de forros desgastados 
huye despavorida: 

un cadáver exquisito 
me está enseñando 
a odiar al mundo 
con minucia selectiva 

Me está diciendo 
que todo se repite 

una y otra vez 
una y otra vez 
una dos tres 

Me está poniendo en la cabeza 
pájaros moribundos 
asteroides destrozados 
kilos de ceniza 
chapopote burbujeante 
y gordas cucharadas 
de inanición 

Entonces soy todos los defectos de la Historia 

La garantía vencida el mes pasado 

El agujero a donde se te fue la risa 

El cumpleaños en que nadie tocó a tu puerta 

La sensación 
de no estar haciendo 
algo bueno 
con la vida 

Soy algo informe 
que te informa 
de lo que nunca te querías enterar... 

Pero si un día me ves esperando 
a que pase un taxi 
cerca de la madrugada 
y respondo a tu saludo 

detente 
abre la puerta 
invítame a subir 
llévame a casa 
y platícame sin prisas 
cómo es que te va 
Pasaremos un buen rato 
recordando aquella vez en que…


Fernando Paredes.

domingo, 29 de julio de 2012

Día de un diario ó vulgarmente hablando, la mierda de siempre...

Now I've got that feeling once again
I can't explain you would not understand
This is not how I am…



Comfortably Numb. Pink Floyd





Los días se habían tornado más lentos, mucho más lentos de lo habitual tras su partida, ó quizás mi partida, las visitas al café, incluso el mismo café, las cervezas no sabían igual.


Sentía de alguna manera como mi mente se iba trastornando, deteriorando con el paso del tiempo, en el andar presuroso de las personas no veía más que flechas, vectores que "jalaban" a las personas sin alma (ante mis maltrechos ojos, mi maltrecha percepción) siempre presurosos de un punto a otro, con una violencia tal que reflejaba la misma teoría vitalista-adaptativa; el débil perece, ¡así sea! (Nietzsche quizás se ectasiaría),  gente presurosa por llegar a sus destinos, la señora que sáca sus monedas de forma desesperada y las deposita en el contador para ingresar al metro, el hombre atropellado en la avenida por no cruzar por el puente y el tráfico que produce, y la parte de masa encefálica que dona al pavimento como si este la necesitara, la pelea del hombre del mini bús con el hombre del volkswagen por no cederle el paso y además haberle rayado toda la madre los ridículos puñetazos que al aire arrojan como boxeadores sin paga, y porsupuesto la gente chismosa.


Me parecía la vida tan hilarante, todo parecía ser como un perfecto juego de caos un infierno magistral, del cual yo no quería ser partícipe, pretendía ser un ente extrínseco, meramente contemplativo, desgraciadamente me veía inmerso en dicho ciclo           a-huevioristicamente hablando.


Todas las actividades me parecían absurdas, de alguna manera me burlaba de los demás. Al hacer una introspección, las mismas de cada noche, traté de mirarme desde fuera, verme, tratar de percibirme como si fuera mi vecino, ó una persona rara. Pensé que jodido,  que loco estoy, siempre con la mirada fija en el horizonte, y con la misma ropa sucia.


El hecho de hacer la vida rutinaria, trabajar hasta ocho horas, tres comidas al día aunque no se tenga hambre, ó se tenga demasiada, ganar algún dinero, para comprar. ¿Comprar?, si todo lo que quería era tan sólo estar postrado, descansando, no mover ni un solo dedo, pues sentido no le encontraba.


Los fines de semana salir y beber un poco de cerveza por los bares de la ciudad de manera "responsable", hasta que pasaban unas 4 ó 5 rondas, dicha manera responsable se transformaba en exceso (como siempre), en el exceso de todo, el enfado y el castigo por el desenfreno, la resaca, y el temblor, el asco, la sed insaciable, el levantarme y ser el mismo pero odiándome por el olor a tabaco que mis dedos emanan, y el ligero ardor en el pecho, y el asco, dejar de ser alcohólico por unas horas mientras pasaba la "cruda", y después a curarla.


Las visitas a las librerías me reconfortaban, también a las licorerías, me hacían sentir como un pequeño en una dulcería, ó como el viejo cansado en una funeraria gratuita, en un país con eutanasia legalizada, y suministros de morfina, fumaderos de opio, ó algunas libras de marihuana para el Glaucoma, la lectura de algunos poetas, malditos poetas trastornados, me daban algún refugio, como si perteneciera a dicha clase, ó dichos versos los hubiese escrito en una anterior vida, y la ingle se me hubiese llenado de sífilis de esas visitas que hice ahogado en alcohol en la etapa moderna a diferentes prostíbulos en Francia, noches heroicas que tuve en las cuales morí y resucité, para después suicidarme en el sueño más apacible, y despertar de nuevo.


Intenté retomar el cigarrillo, el budísmo, y el veganismo, las falsas meditaciones, los libros de auto ayuda al mero estilo hastiante y ridículo de Cohelo, tras una profunda ansiedad que comencé a sentir, me comenzaba a esclavizar, a martirizar el pensamiento, al reflexionar siempre qué era de mi vida, y qué había sido de mi muerte, ya que siempre me he sentido un poco fatigado por no recordarla, mi mala postura lo demuestra, como si quisiera besar tristemente la tierra, y por horas allí quedarme.


Qué pitos de escritura, qué hacer si todo es tan sólo un momento, y la vida es tan chingada, al menos para mí que correría con mala suerte si me tomo una gran dosis de diazepam mesclado con un poco de alcohol para la cena, sé y tengo la certeza de que sólo despertaría con un gran dolor de cabeza y con eso que llaman cruda moral, y el asco de nuevo.


Ahora me recuesto sobre mi cama, se hace noche, tengo sueño, es hora de mandar el mundo al diablo, y pensar, y rogar porque la muerte sea como un coma inducido por morfina, ó al menos como una de esas muertes que en vidas pasadas tuve…