¿Qué vamos a hacer con cúmulo de horas que nos quedan?, será necesario
enviar a imprimir calendarios infinitos plagados de hastío mientras esperamos que
el servicio fúnebre nos atienda.
A dónde irán a parar nuestros recuerdos, vestigios de nuestra existencia, ¿a
dónde irá el tiempo, las horas perdidas, nuestros dolores, nuestra memoria?
Si tuviese la posibilidad de elegir, preferiría no hacerlo, y ser, solo ser
una cosa, no experimentar sensaciones, ni pensamientos es quizá la clave de la
felicidad. El instinto vital quizás tiende a lo irracional, a lo sensitivo, la
vida y sus cotidianos aconteceres son la alegoría del absurdo ante la tragedia
y a la inversa: “el corazón si pudiese pensar se detendría”…
Pero hoy, agradezcamos.
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