Un comité de hormigas sentenció a muerte a una cigarra por lucir diferente.
Las relaciones entre cigarrolandia y hormigolandia hasta entonces habían sido
buenas. Armoniosos intercambios comerciales, traspaso libre de fronteras de una
y otra parte, mercado libre, pero todo
aquello aquél día terminó…
La guerra les llevó a desarrollar mecanismos de defensas ulteriores;
sistemas de vuelo cada vez más técnicos y sofisticados, infantería con conocimiento
absoluto del energúmeno balístico, y los puntos cardinales, desarrollo
matemático para ejecutar ataques más precisos, y cosas ”acá y allá” que sólo
los servicios secretos conocen.
Pero llegó entonces un oso y otros depredadores y a todos se los tragó.
Por más que quiera uno no muere virgen...
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