sábado, 21 de abril de 2018

El Jardín de las Delicias (El sueño de Otro)


Sonaba el despertador temprano por la mañana, no escuchó el primer ronquido que emitió el teléfono, sin embargo J dejaba programadas de manera consecutivas alrededor de 6 con un lapso de un minuto entre sí, así tenía un interludio de 6 entrecortados minutos más para dormir. Lo primero que hizo al despertar de manera completa fue ver la nada, la habitación estaba por completo a oscuras, levantó el tronco noventa grados, y tomó el teléfono, 05:30 hrs, miró.

Procedió a apagar la alarma y a levantarse un poco desorientado debido a la dejadez que siempre otorga el profundo sueño cuando uno quiere despertar.

Se encaminó hacia el espejo, porque es necesario siempre mirarse para saber que uno sigue ahí, pensaba J.

Tomó el cepillo de dientes, depositó dentífrico sobre el mismo, para posteriormente pasarlo como siempre hacía al menos unas 4 veces al día sobre sus dientes.

La madrugada parecía más calma, ni siquiera los grillos lanzaban su tenue alarido.

Cansado J depositó su trasero sobre el retrete, le quedaban aún otros 20 minutos, para finalmente salir del hogar, y emprender el camino cotidiano. Tomó de manera aleatoria una revista, del cumulo de viejas revistas que yacían sobre la repisa del W.C.

La primera de ellas fue dejada sobre la repisa de inmediato, su contenido era mediático, versaba sobre la farándula actual, repentinamente tuvo un ligero asco ligero de no ser por las impresiones cuyo contenido eran parciales desnudos de las actrices de moda.

Tomó de nueva cuenta otra, el contenido de dicha revista parecía más interesante; estaba redactada en un idioma por completo incomprensible para J...

Miró en dicha publicación primero una impresión a doble página, en dicha impresión yacía una pintura que con facilidad pudo identificar;

"El Jardín de las delicias" de Hieronymus Bosch

Después de estar observando por más de 2 minutos meramente el panel derecho de dicha obra, J pensó por unos momentos en recortar la doble impresión y enmarcarla. Miró el reloj, quedaba menos tiempo para salir de casa. Dio vuelta a la página de la revista y de ella se descolgó una página en blanco con la siguiente inscripción en el único idioma que pudo reconocer; “This is your life, and your life is the dream of another one…”

Aunque le pareció raro, no le dio importancia, introdujo de nueva cuenta la hoja en la revista, se desvistió de manera apresurada y se introdujo en la regadera.

Mientras el agua descendía lentamente por su cuerpo, J no pudo dejar de pensar en la sección derecha del Jardín de las Delicias del Bosco, a la par que como canción le venía a la mente aquella frase leída momentos antes en una hoja en blanco; “This is your life, and your life is the dream of another one…”

Salió de la regadera, y procedió a vestirse, no tomó esta vez de la alacena ninguna fruta, porque se hacía tarde, introdujo la llave en su puerta para abrirla…

Una vez abierta lo vislumbró todo;

Personas decapitándose, disfrutando con ello, ríos de sangre corriendo por las calles, vio la enfermedad, la hacinación, la peste la agonía, la vuelta de la guillotina a nuestros tiempos, y la inquisición, vio el panel derecho de la pintura del bosco en el umbral de su puerta, miró lapidaciones, desollaciones atroces de las cuales era víctima y a la vez verdugo, miró el retorno del capitalismo también conocido como “neoesclavismo”…

Entonces K despertó en un mar de sudor.

Finalmente fue consciente de que alguien más lo estaba soñando.


(Panel derecho de "El Jardín de las Delicias")

domingo, 15 de abril de 2018

Últimas Frases de Algunos Célebres Escritores Antes de Morir...

Enigmática, lejana, ajena, cuando ocurre pasa eso, no más...

En la lista faltarán muchísimos más cuyas últimas palabras hubiese sido memorable dejar grabadas para la posteridad; ejemplo de ello es Hemingway volándose la tapa de los sesos después de un prolongado periodo de melancolía. Interesante resultaría también haber conocido qué pasaba por la cabeza de Virginia Woolf justo antes de sumergir su existencia en el rio Ouses.

Sin embargo, la muerte para muchos afortunados llega de manera súbita, para otros desafortunados, casi malditos ya desde lejos la vislumbran, unos optan por adelantarse, otros se debaten por no pasar el umbral. Éstos cuando finalmente ceden, cuando pasan por ése desconocido arista dejan algunas palabras, que se llegaría a pensar por la magnitud de su contenido, podrían llegar a resumir su obra, su vida.

He aquí algunas frases célebres obtenidas mientras navegaba por la red, quise añadir la del poeta de los poetas (Rimbaud) dedicada a su hermana antes de morir después de una prolongada agonía como número onceavo y especial. He reseñado las frases de aquellos que me son más agradables.



1-. Franz Kafka

“¡Mátame o de lo contrario serás un asesino!”

Últimas palabras de Franz Kafka después de un prolongado periodo de agonía causada por tuberculosis. El escritor checo pereció un 3 de junio de 1924 en Kierling, Klosterneuburg, ciudad del imperio Austriaco.



2-. Vicente Huidobro

 “¡Cara de poto!”

Esas fueron las últimas palabras del poeta chileno al regresar a un periodo de lucidez, después de un largo lapso de agonía. Dentro del lenguaje popular dicha frase tiene una connotación símil al hecho de articular ¡cara de culo!



3-. Karl Marx

 “¡Vamos, fuera! ¡Las últimas palabras son para estúpidos que no han dicho lo suficiente mientras vivían!”

Fiel hasta la muerte a su ideología, se especula puede haberle parecido hasta cierto punto burgués el hecho de articular algún discursillo retórico a última hora.

Esto fue lo que le contestó filósofo y escritor de El capital a su criada cuando le preguntó en su lecho de muerte si tenía algunas últimas palabras que compartir.



4-. Dylan Thomas

“Me he tomado 18 whiskies. ¡Creo que es mi récord!”

No hay explicación para dicho autor irlandés, tajante, dijo lo que tuvo; orgulloso bebedor hasta el final, murió de una neumonía mezclada con problemas hepáticos.


5-. Aldous Huxley

“LSD: 100 microgramos intramusculares”

Nacido el 26 de Julio de 1894 en Godalming, Reino Unido. Ensayista, filósofo subversivo, a raíz de leer los estudios sobre la síntesis del germen de trigo llevada a cabo años antes por el Doctor Albert Hoffman sintetizador primigenio del Dietilamida de Ácido Lisérgico (LSD), se interesó por otros mundos posibles, llegó a plasmar ensayos sobre el actuar de dicha sustancia sobre la percepción; “The doors of perception” que toma el nombre de un breve poema de William Blake; The doors of perception, “If the doors of perception were cleansed, everything will apear us at is is, infinite..." 

Su influencia fue bastante popular en los años 60´s en la cultura hippie estadounidense, incluso tuvo cierto agrado por la efervescencia del movimiento estudiantil en México, numerósos filósofos, antropólogos, sociólogos araíz de la lectura de sus ensayos, en un mundo a punto de dividirse, se decantaron por lo alternativo; el conocimiento la Tribu Yaqui y sus costumbres, entre ellas el uso del cactus sagrado en sus rituales....

Dicho autor muere de manera asistida un 22 de Noviembre de 1963 en Los Angeles, California. Plagado de dosis de Dietilamida de ácido lisérgico, luego de una prolongada batalla contra el cáncer, sus últimas palabras fueron justo la dosis que tomó; “LSD: 100 microgramos intramusculares”

Obras populares; Un mundo feliz (a brave new world, 1932), Vuelta a un mundo feliz (Brave New World Revisited)


6-. León Tolstói

“Incluso en el valle de las sombras de la muerte, dos y dos no son seis”



7-. Sócrates

“Critón, le debemos un gallo a Asclepio. No te olvides de pagárselo”



8-. Honoré de Balzac

“Ocho horas con fiebre… ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!”



9-.Anton Chéjov

“Hace mucho que no tomo champán”




10-. Lewis Carroll

“Quítame esta almohada, ya no la necesito”



11-. Arthur Rimbaud

“Mientras yo esté allí 3 metros bajo tierra, tú conforme el paso de las estaciones allá arriba estarás danzando”

Esas fueron las últimas palabras del poeta visionario a su hermana Isabelle Rimbaud, después de una larga agonía ocasionada por un cáncer de rodilla que finalmente le traería la muerte un 10 de noviembre de 1891, en la ciudad de Marsella, Francia a la corta edad de 36 años. 

A temprana edad (17 años) Rimbaud escribió su obra magna; “Una temporada en el infierno”, en ella dejaba entrever su opinión respecto a todo; la burguesía imperante en su siglo, las buenas prácticas de la poesía, las instituciones, y de hecho su desdén por la convención, y sus orígenes galos. Reconocido en su medio como un prodigio, abandona su tierra y sus letras para ir a Marruecos y dar un giro abrupto; desempeñarse como traficante de armas. 

Tras una larga estadía en África regresa enfermo a su natal Francia, para morir en brazos de su amada hermana Isabelle.

A continuación una frase de Rimbaud fuera del lecho de muerte, pero que la evoca a la perfección;

“¡La hemos vuelto a hallar! ¿Qué? La Eternidad.... Es la mar mezclada con el sol…”





sábado, 24 de marzo de 2018

Apología del desdén a la tolerancia


Uno no puede culpar a otro por haber nacido bajo tales o cuales circunstancias, he allí donde radica la diferencia y la tolerancia, pero cabe señalar que nadie en ésta vida, sólo Jesús puede ser tan tolerante como para soportar el hecho de una bofetada justo cuando está por caerle la próxima, pero aún a pesar de ello, teniendo poderes de súper héroe se queda corto comparado con aquél hombre que llevaba por una cuesta una y otra vez la piedra, tratando quizás de descubrir alguna ley física que para su tiempo era inexistente, o simple y llanamente el diámetro de la circunferencia del círculo.

¿No podríamos acaso ser todos en el mundo actualmente ese hombre?

El punto es que allí donde se encuentra la diferencia, se encuentran las grandes cosas, donde está la diferencia está la vida al vértice de la nada, ejemplo de ello; la noche estrellada, la apuesta por la tierra concéntrica, el pretender rescatar a la humanidad del pecado original, o mejor aún, salvar a una pequeña nación de las garras del capital.

Pero…

Pero no podríamos acaso ser también la otra cara de la moneda, ¿no podríamos ser personas que creemos pensar distinto cuando el pensamiento de lo “distinto” es lo que dicta la actual sociedad?

Esto lo pensé mientras me veía perturbado por un vago, me encontraba fumando un cigarrillo, leyendo el primer tomo del capital, ese momento justo cuando mi individualidad se veía afectada, mi tolerancia a la par se vio reducida, pensé en qué bueno era el hecho de que existiera la policía…

domingo, 18 de marzo de 2018

Mujeres, ésa es la cuestión...


Numerosos pensadores han atinado a resolver la quimérica pregunta que gira en torno a la cuestión fundamental del hombre, hay para quienes como Camus el suicidio era la pregunta básica, otros en cambio como Heidegger optaron por indagar en relación directa al ser, Descartes se decantó por el racionalismo, Nietzsche por la subversión de los convencionalismos morales, yo en cambio tengo otra cuestión más particular, y banal, no por banal sosa, sino más bien esencial; ¿pompa o bubi?...

domingo, 11 de marzo de 2018

Las reglas del juego


Las reglas del juego son las siguientes;

1-. Ser traído al mundo

2-. Aprender y aprehender el dogma; (el lenguaje, las buenas costumbres, el 1+1=2)

3-.Socializar, y hacerse un lugar en ésta vida, bajo los imperativos del capital.

4-. Unirse y perpetuarse.

5-. Verificar que con el paso del tiempo uno nunca hizo lo que verdaderamente añoró, la vida fue solo eso, con el paso del tiempo uno terminará por padecer el síntoma que causó tanto a sí mismo, como a sus seres queridos.

6-. Después de haber sobrevivido a los 5 anteriores (si es que antes no la palmó por circunstancias externas; accidente, suicidio) le ocurrirá lo siguiente; será enterrado o cremado, no importa, pero además cabe señalar la cláusula de éstas reglas; cuando uno muere puede ser que éstas 6 reglas del juego se anulen, lo que sería fatal sería el hecho de despertar otras 6 veces, para esas 6 mismas, morirlas, y de manera continua renacer…



sábado, 10 de marzo de 2018

Las posibilidades de una hoja en blanco

(Originalmente llamado; La relatividad del texto.)

Uno podría pensar que la única función de la hoja es el hecho de ser relatado, hablado a través de una pedazo de nada, pero una hoja en blanco es un campo de guerra y más, quizá haya quienes apliquen al escribir las leyes de la física, o leyes cuánticas para dejar el texto “bien” moldeado acorde a la hoja, o quizás para que lo que se escribe quede armoniosamente establecido en esa cabeza también llamada materia gris. Porque las palabras deben tener en el lector tal potencia que a razón tiempo-espacio le atrapen. Básicamente a la cuestión que pretendo referirme es al hecho de que  todo es más complejo de lo que parece, una hoja en blanco puede llegar a abarcar diversos planos tanto del ente humano, como de la realidad, los espacios en blanco, vacíos, son peligrosos…

Déjame contare una breve historia;

Un viejo enloqueció al leer una columna en la gaceta “De journ”, ¡mi columna!. 

El tópico de dicho breve texto versaba sobre cuestiones meramente políticas, tópicos de sobremesa que uno puede llegar un día y contarle a su abuela sin entender ni cagada… Pero, esto cabe aclararlo, no sé qué le llevó a la locura, las razones del viejo eran más profundas…

¿Sabes quién escribió la columna?, Te lo re-afirmo, lo hice yo.

Cuando acudí a la consulta de Doctor R. que en aquél momento le atendía al viejo enloquecido por mi columna con antipsicóticos (risperidona y demás cosas por el estilo), me pareció más que extraño, ya que me miró a los ojos de manera sombría, seguida cuenta dijo ensimismado; “Le hace creer a uno que está loco”…

Me extrañó el hecho de que se limitara Doctor R a articular solo aquellas frases al verme, ya que era conocido por todos en el giro por el hecho de ser un gran versador sobre la materia…

El sol salía y no me hicieron esperar, ingresé a la habitación de aquél viejo, dicha habitación  empataba más que bastante bien con todo el clisé de un cuarto de hospital psiquiátrico, habitación 6 mts x 6mts, acolchada, y el viejo loco con un brutal amarre acuartelado en una esquina.

Comencé a hablar con el viejo. Al inicio parecía un poco huraño y desorientado, pensé debía ser cuestión de la farmacología;

“¡Buenos días!”-. Articulé...

Lentamente salió de su letargo, levantó el torso y dio un giro de cadera aún sentado de casi 180 grados sólo para mirarme fijamente a los ojos.

¡Aquella mirada era sumamente aterradora!

"Buenas tardes" me dijo, y sonrió cortésmente. En aquella sonrisa había un dejo de malicia.

¿Buenas tardes? me dije a mí mismo, pensando en el hecho de que aún era temprano.
 Por un momento consideré que aquello que dijo el viejo loco era un sinsentido producto de su deplorable condición, porque había ingresado a la habitación apenas a las 10 de la mañana

No me quedó otra opción mas que reír torpemente, en tono de complicidad con el viejo loco.

También sonrió, a pesar de yo tener la certeza de mirar sobre su canosa cabellera caer el sol matutino

“Lo estaba esperando” me dijo, seguidamente de articular “ayúdeme joven” (sin expresión de molestia alguna), eche un vistazo a mi reloj…

Su mirada se fijó en mí retadora y maliciosa…

Me percaté de manera lejana en su muñeca ví un casio actual de manufactura china, tome al viejo por el codo para ayudarle a incorporarse, era más ligero de lo que aparenteba. 

Al ponerlo de pie me interpeló
“¡Éche un vistazo!”, señalando a su reloj


Lo que ví en aquél reloj que portaba el loco era inexplicable; 

Ví los orígenes de la vida, ví la muerte, ví mi muerte interpretada de infinitesimales maneras multiplicada por π, además las infinitesimales muertes que en vidas anteriores pasé, miré especies y tierras para las cuales no existen denominaciones, especies terrestres abrumadoras, vi el origen de la enfermedad, y la partícula que lo inició todo, entonces comprendí el absoluto, comprendí que el mensaje que brindaba para el viejo en la columna tenía razón, supe que el viejo tenía razón… 


domingo, 4 de marzo de 2018

Breve Relato de un Crimen

Yo no estoy loco, la culpa la tiene el televisor, crecí mirando el televisor.

Cuando al regreso de la escuela ví un pequeño corto animado, debían ser los picapiedra, o los supersónicos, cuando al regreso ví aquello me dejó marcado de por vida. Lo que me benefició y a la vez perjudicó tanto fue el hecho de vivir hasta cierto punto alejados de la sociedad. Mi padre un obrero borracho cuya constancia en el oficio de beber era mayor a la de tomar un oficio que se pudiese considerar serio, llevando ocasionalmente trabajos relacionados con la carpintería que implicaban el uso de herramientas que parecían armas medievales. Mi madre cuyo nombre era Sophie, como Sophie mi pequeña y difunta hermana, sólo ahora lo entiendo, ejercía el oficio cuya denominación tiene un símil a lo nombrado como prostitución. Mi familia nunca se percató de cuán disfuncionales éramos, para ser sincero nunca se percataron, al menos mis padres, porque no les dí la oportunidad.

No, no porque quisiera hacerlo, aunque ahora si lo pienso lo hubiese querido hacer, como enunciaba ése raro libro que me prestó el viejo Mike; un filósofo sloveno parafraseando a otro filósofo austriaco decía “no saben lo que hacen, pero lo hacen”…

No daré más largas y pasaré a los hechos que desencadenaron el cruento destino para mi maltrecha familia; el primer suceso que me marcó ya de pequeño fue la prematura muerte de mi hermana sophie, al nacer ella por un momento tuve (aún siendo muy joven) la vaga esperanza de que la situación cambiaría para todos en la familia, creía que al nacer ella las cosas se recompondrían, pero todo fue de manera muy distinta. Sophie al parecer no era en verdad mi hermana, a pesar de ello yo la quería como si lo fuera, la quería más de lo que pude haber querido a mi madre o padre. El nacimiento de Sophie atenuó los problemas en casa, porque mi padre se percató con el breve paso del tiempo de que no era en realidad su hija. Con ello comenzaron las contiendas cotidianas entre ambos, de las cuales yo era el chivo expiatorio, con el paso del tiempo comencé a desarrollar un tipo de cariño ambivalente hacia mis progenitores; por un lado los quería, y hubiese deseado que las cosas fueran de otro modo, pero por otro les deseaba lo peor.

Ir al colegio por momentos me reconfortaba, porque veía a los compañeros y amigos, miraba a sus vidas y yo añoraba que la mía fuese de la misma manera “armoniosa”. Por ejemplo que mi situación fuese como la de mi primer y único amor Gabriela. Su familia estaba compuesta por una estructura afín a la mía, o al menos eso era lo que yo quería mirar en aquellos momentos para mí tan dolorosos; un padre amoroso, una madre leal y fiel, y en finalmente un bebé angelical.

Al volver a casa la situación era hasta cierto punto distinta para mí, quemaduras de cigarro propagadas por mi madre si entraba de improviso mientras fornicaba con algún otro hombre, la ausencia perpetua de mi padre, en ocasiones solo lo encontraba tirado por las calles completamente ebrio.

Recuerdo aquél agosto cuando las cosas cambiaron por completo, desde entonces fui presa de una paranoia continua que no cesó hasta que concreté lo que podría denominar como venganza indirecta.
Volvía del colegio por la tarde con Gabriela, por el sendero nos separamos, ella hacia los barrios altos, yo hacia los bajos, en aquella ocasión sus padres no habían podido acudir a la escuela por ella, la tarde había sido lluviosa, jugueteábamos al ir caminando saltando sobre los charcos. Al llegar al maltrecho pórtico de mi casa que aquél día no había podido ir mejor, miré la vieja puerta de madera, pensé en que no importaría que pasara allá dentro, que viera, o que agresiones recibiera, nada podía alterar la perfección de aquél día. Todo aquello era solo una ilusión…

Al abrir la puerta me percaté que mi madre y mi padre lloraban, me alegré, porque finalmente después de tanto tiempo se encontraban juntos, lloraban desconsolados, abrazados, creí que debía ser algún tipo de reconciliación, que las cosas cambiarían, pero no fue así. Sophie había muerto.

Con el paso de los días mis padres decidieron juntarse de nueva cuenta y la relación se tornó más y más tóxica, asimismo con el paso de los años fui perdiendo la ingenuidad, me percaté de por qué Sophie había fallecido, básicamente había sido culpa de ambos.

La televisión me educó, miraba series policiacas y me comencé a obsesionar con las mismas, un día al llegar del colegio decidí que mi vida cambiaría moldearía a mis padres a mi manera. Miré una de esos cortos animados los supersónicos o los picapiedra, en uno de aquellos capítulos uno de sus personajes se da un fuerte golpe en la cabeza y cambia de perspectiva por completo.

Comencé a idear mi plan, comencé a pensar cómo haría cambiar de pensar a mis padres a mi forma, la epfianía para ejecutar mi plan maestro surgió a raíz de mirar a papá llegar del trabajo una noche, surgió cuando lo miré dejando caer su pesada hacha al volver del trabajo.

¿Qué miras Pendejo? Se dirigió a mí con voz de borracho
Tráeme una cerveza y no vuelvas hasta que no la consigas

Sali despavorido del living, sali a la calle, pero miré fijamente el hacha, caminé río abajo hasta que oscureció, la noche fue tormentosa, me instalé debajo del puente que conecta la zona alta, con la zona baja a través del río donde los yonquies solían acudir a consumir su dosis.

Ahí fue donde idee mi plan, me colaría a la casa al amanecer cuando mi padre ya estuviera ebrio, con él probaría. Al amanecer regresaba feliz a casa sentía aunque no ejecutaba mi plan, que lo que estaba a punto de hacer sería algo excelso.

Tomé ligeramente el pomo de la puerta, lo hice girar muy sigilosamente, y ahí encontré a mi padre tirado en el suelo frente al televisor junto a un cúmulo de latas vacías. Me dirigí con pasos lentos hasta el lugar donde había dejado el hacha. La tomé y comencé a sopesarla, era bastante pesada, comencé a hacer ejercicios breves con la misma, debía asegurarme que el impacto que diera con ella debía ser contundente. Hice alrededor de 5 minutos swing con la misma, como si le diera a una pelota inexistente de baseball con un bate. Hasta que finalmente me decidí. Caminé con el hacha, la alcé noventa grados, y la dejé caer fuertemente sobre mi padre. Al hacerlo cerré los ojos, al abrirlos para llevar de nueva cuenta el hacha al cielo me percate de algo terrible; mi padre yacía sin cabeza, un chorro de sangre no se hizo esperar, la mirada que vi en el rostro decapitado de mi padre era bastante aterradora. Dejé el hacha súbitamente, estaba bastante asustado, puesto que papá yacía muerto, pensé en limpiar el inmenso charco de sangre, pero opté en que lo haría ya que hubiese culminado todo el trabajo.

Hacer cambiar de pensar a mis padres sería más difícil con la ausencia de una cabeza, por esa razón opté por un método distinto con mamá. Tomé el pesado maso con el que papá solía cincelar. La operación fue básicamente la misma, sopesé el maso unos momentos, hice algunos swing´s, posteriormente le dí un trago a una de las cervezas medio vacía y tibia que había dejado mi difunto padre, sabía amarga, pero me tranquilizaba. Comencé a caminar de manera sigilosa a la habitación de mamá. Tomé el pomo, y sobre la masa encefálica de mi madre comencé a dejar caer el enorme maso, el primer sollozo de mi madre fue aterrador, casi tan aterrador como el rostro de mi padre decapitado. Posterior al primer sollozo comenzó a convulsionar. Seguí una vez tras otra, hasta que aquello que solía ser el cráneo de mi madre quedó hecho una masa confusa.

De nueva cuenta había fallado...

Intenté reparar el daño, lo primero que hice fue tomar un hilo con su respectiva aguja me sentía tranquilo a pesar de lo sucedido, cuando hice entrar el hilo en el ojillo me encaminé a levantar la cabeza de mi padre, aún estaba tibia, la tomé, la expresión de horror de aquél rostro era abrumadora, sin embargo tendió a parecerme indiferente, tras varios intentos fallidos finalmente pude unirla al maltrecho cuerpo. Posteriormente me encaminé hacia la habitación de mi madre, tiré su cuerpo maltrecho al suelo para hacer la cama, cambié las sábanas ensangrentadas, procedí a cambiar a mi madre. Deposité los cuerpos tanto de mi padre como de mi madre sobre la cama, finalmente mis padres estaban juntos de nueva cuenta.

Aún me hacía falta un bebé para complementar la familia…

Al siguiente día encaminándome hacia la escuela tomé el cuchillo, pensé en raptar al pequeño hermano de Gabriela, para de esa forma hacerlo parte de mi nueva familia, pero todo fue en vano, no reuní valor para hacerlo.


Al llegar a casa apenas giré el pomo de la puerta, la peste que emitían aquellos cuerpos en descomposición era sorprendente, me dirigí hacia la habitación de mis padres, la peste crecía conforme avanzaba, a pesar de la peste podías también respirar paz en el hogar, dirigí un saludo a mis padres, encendí el televisor y me puse a comer lucky charm´s al pie de la cama recordando que en ocasiones los golpes en la cabeza pueden ser hasta cierto punto efectivos.